Inteligentes
bolígrafos
Me acabo de enterar que en Alemania se acaba de inventar un
bolígrafo que detecta los fallos gramaticales, los ortográficos y que está
programado para reconocer los movimientos asociados a cada letra. El bolígrafo
emitirá una vibración especial cuando detecte un error y, así, el usuario podrá
reparar su incorrección. Creo que es un buen invento, sobre todo para los
exámenes de lengua. Aunque no habrá sido tarea fácil diseñar el bolígrafo,
pienso que el negocio está asegurado.
Eso sí, habrá que camuflarlo, porque no creo que los profesores
lo dejen utilizar en las evaluaciones. Tendremos que usar nuestra fantasía
particular para decorarlo y conseguir que pase por un bolígrafo vulgar. Lo
ideal sería que su formato fuera como el de los demás bolígrafos y que
externamente no se diferenciase en nada de ellos. Así los profesores no
sospecharían.
Este invento, en realidad, ya lo tenemos con el ordenador.
Cada vez que escribimos mal una palabra, la pantalla la subraya de rojo, y la
cambiamos. No obstante, los bolígrafos siempre han sido mágicos, quizá por su
tamaño, quizá porque nos ayudan a soñar sobre el papel, quizá porque pasan
inadvertidos y, sobre todo, por las leyendas que los acompañan.
En las películas de espías hacen maravillas. Llevan chips
del tamaño de alfileres que combinan cámaras y vídeos, por lo que pueden grabar
y se convierten, así, en excelentes cámaras de vigilancia secreta. Otros
contienen poderosas armas secretas e, incluso, algunos albergan un espació para
veneno, por si el espía es descubierto y lo van a torturar.
En fin, en la era de la tecnología, los bolígrafos también
tenían que evolucionar. Estoy impaciente por notar sus vibraciones, aunque
preferiría no sentirlas jamás. Indicaría que domino la ortografía y esto sí que
sería un gran placer.
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