Ampliando el vocabulario
Una de las palabras que más se
lee y se pronuncia en la actualidad es, sin duda, corrupción. En el diccionario
de la Real Academia ,
su significado queda claro: “En las organizaciones, especialmente en las
públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de
aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.” Y si se usa
tanto este término es porque, hoy en día, hay gestores muy famosos que han
obtenido grandes beneficios económicos de un modo, parece ser, no muy legal.
Uno de estos gestores famosos es
Bárcenas, antiguo tesorero del PP. Se descubrió que tenía veintidós millones de
euros en varias cuentas de bancos suizos y por eso se le llevó ante el juez. En
su declaración ha afirmado que llegó a tener hasta treinta millones de euros
gracias a su “buen hacer” en los negocios. Él dice que sus asuntos son muy
legales, que se ha dedicado a la compra-venta de obras de artes, de bienes
inmobiliarios y a la bolsa. Pero Bárcenas no presenta las justificaciones para
probar todas estas operaciones, por lo que el juez no lo ve claro y, además le
acusa de no pagar el IRPF ni el impuesto de patrimonio del año 2007.
Otro de los famosos es
Urdangarin, el yerno del Rey. También parece ser que ha ganado bastante dinero
con sus negocios, pero el juez también sospecha de su legalidad y lo está
investigando.
Cuando se celebren los juicios,
escucharemos las sentencias y se dirá la última palabra. Mientras tanto, cada
vez que se sucede un nuevo interrogatorio, ampliaremos nuestro vocabulario, con
palabras como prevaricación, corrupción y otra serie de términos jurídicos, que no
suenan a poesía, sino a un gran fraude a toda la sociedad.
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