¡Se dopaba!
En
ocasiones, cuando el río suena, agua lleva. Al final la presión ha debido ser
mucha y Lance Armstrong no ha tenido más remedio que confesar.
Había
sido el único ciclista en ganar siete títulos del Tour de Francia, había
llegado a lo más alto y se había convertido en un ídolo para muchos. Pero
siempre le habían perseguido los rumores. Así que no extrañó demasiado cuando,
en junio de 2012, la Agencia Antidopaje
de Estados Unidos (USADA) le acusó de
dopaje sistemático y, cuando en agosto, le retiró sus siete títulos y le suspendió de por vida. Ni que decir tiene que la UCI se mostró de acuerdo y que
ratificó la decisión de la USADA
en octubre.
No
obstante, todos sus infortunios –cáncer incluido-, ha sido ahora, en enero,
cuando ha saltado la bomba definitiva. Ha confesado que hacía lo mismo que todos sus compañeros; es decir,
doparse para ganar.
Todos
sus seguidores estamos decepcionados. Queríamos creer que no pasaba nada, que
era diferente al resto. Pero ahora, la evidencia se ha impuesto con dureza.
Además, no solo ha caído Armstrong de su pedestal sino que con sus
declaraciones ha intentado que cayeran todos los demás cuando siempre defendía
que el ciclismo era un deporte limpio. En fin, el gigante era de barro y las
trampas le han desplomado.
Víctor Gutiérrez Santamaría
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