domingo, 20 de enero de 2013

¡Se dopaba!


¡Se dopaba!



En ocasiones, cuando el río suena, agua lleva. Al final la presión ha debido ser mucha y Lance Armstrong no ha tenido más remedio que confesar.

Había sido el único ciclista en ganar siete títulos del Tour de Francia, había llegado a lo más alto y se había convertido en un ídolo para muchos. Pero siempre le habían perseguido los rumores. Así que no extrañó demasiado cuando, en junio de 2012, la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA)  le acusó de dopaje sistemático y, cuando en agosto, le retiró sus siete títulos  y le suspendió de por vida.  Ni que decir tiene que la UCI se mostró de acuerdo y que ratificó la decisión de la USADA en octubre.

No obstante, todos sus infortunios –cáncer incluido-, ha sido ahora, en enero, cuando ha saltado la bomba definitiva. Ha confesado que hacía  lo mismo que todos sus compañeros; es decir, doparse para ganar.

Todos sus seguidores estamos decepcionados. Queríamos creer que no pasaba nada, que era diferente al resto. Pero ahora, la evidencia se ha impuesto con dureza. Además, no solo ha caído Armstrong de su pedestal sino que con sus declaraciones ha intentado que cayeran todos los demás cuando siempre defendía que el ciclismo era un deporte limpio. En fin, el gigante era de barro y las trampas le han desplomado.

Víctor Gutiérrez Santamaría

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